10 agosto, 2014

El cristiano y el mundo en conflicto

Declaración de posición de SEDIN



El cristiano, el mundo en conflicto y el anuncio de la reconciliación con Dios

¿Cómo debemos actuar los cristianos en medio de este mundo en conflicto?
Como cristianos, nos encontramos en un mundo sumido en conflictos constantes. Jesús habló de guerras y de rumores de guerras. Tenemos también la cruda realidad de un pueblo, el de Israel, que, conforme había sido profetizado, rechazó a Jesús como su Mesías, y que conforme ha sido profetizado será restaurado nacionalmente en su remanente en la Segunda Venida de Cristo, cuando se cumplirá la oración que el Señor enseñó a las ovejas de la casa de Israel en los días de Su ministerio terrenal: «Venga tu Reino». Este es el Reino anunciado a lo largo de todo el Antiguo Testamento, y también en el Nuevo, y que se refiere a la culminación de los propósitos de Dios en, con y para Jesucristo, cuando en Su venida introducirá el Reino de Dios sobre la tierra en justicia y paz (Salmo 2, Salmo 50, y tantas otras Escrituras).

Los cristianos e Israel
Sin embargo, respecto a Israel en el tiempo presente, y como nos recuerda el apóstol Pablo, «en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres» (Romanos 11:27). Una lectura atenta de Romanos 9–11 no deja lugar a dudas acerca de que hay una futura restauración nacional de Israel al favor de Dios y en el disfrute final de la tierra que Dios les prometió, más allá de la dispensación actual de la iglesia en cuyos comienzos, como reconoce Santiago en Hechos 15, «Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre» (con la conversión de Cornelio y los suyos, no siendo introducidos como prosélitos judíos, sino en la libertad cristiana respecto a la Ley y a las instituciones de Israel, como posteriormente fue el caso también de los creyentes en Antioquía y por todos lados donde se había predicado el evangelio en medio de los gentiles). La fraseología es interesante, en tanto que Pedro, al defender la salvación de los gentiles por la fe en Jesucristo, refiriéndose a la libertad de los mismos frente a los que querían imponerles la observancia de la ley, dice taxativamente:

«Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.» (Hechos 15:10-11).

Observemos: No dice que los gentiles serían salvos como los judíos, sino que: «seremos salvos, de igual modo que ellos». Afirma que los judíos que creyesen serían salvos del mismo modo que los salvos entre los gentiles. Es decir, sin el yugo de la ley.

La realidad es que, frente al rechazo de Jesús por parte de Israel, Dios conforma la iglesia como un pueblo celestial dejado como peregrino en la tierra para testificar de la gracia de Dios para todos sin ninguna diferencia en este tiempo de rechazo de Israel. La Iglesia no es el Reino, sino que la Iglesia es el cuerpo y la esposa de Cristo. Tiene una vocación y un puesto que no sustituye a Israel, sino que le es propio en aquel secreto de Dios que ha sido ahora revelado.

Las Escrituras del Antiguo Testamento están repletas de promesas de restauración final al Israel rebelde y apartado, basado en la fidelidad de las promesas de Dios a Abraham. En medio de los anuncios de duros juicios por los pecados de la nación y de dispersión universal (no meramente a Babilonia), tenemos las promesas de una reunión final del remanente de esta misma nación para un asentamiento definitivo y seguro en la tierra que Dios dio a Abraham y a su descendencia, una restauración de una nación congregada alrededor de su Mesías en justicia y paz PARA SIEMPRE. Véase, p. ej., Deuteronomio caps. 29 y 30, etc.; Jeremías 30 y 31, etc., Ezequiel 37, etc., así como el incontrovertible pasaje de Romanos caps. 9 a 11. ... Los cristianos deben guardarse muy mucho del espíritu antisemita que se respira contra Israel. Esta nación es fundamental para el plan de salvación de Dios para la tierra, que cubre no sólo la redención por la sangre de Cristo, que es el fundamento de tal salvación, sino todos los diversos aspectos de la salvación, incluyendo la instauración del Reino en la tierra, centrado en Jerusalén, con bendición para Su pueblo Israel, como también para Egipto y Asiria (Isaías, cap. 19, final) y para las naciones. Frente a esto hay una gran corriente de hostilidad de las naciones que va creciendo. Es mediante esta creciente hostilidad que Dios atraerá a todas las naciones de la tierra para la futura gran batalla contra Jerusalén (Zac. 14) previa a la manifestación en gloria del Señor Jesús.

Así, Israel tiene un futuro nacional. Pero la salvación viene por el conocimiento personal de Jesús de Nazaret como el Hijo de Dios y Salvador. En el presente, todos los que llegan a la salvación llegan a la misma por el conocimiento salvador de Jesús: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.» (Jn. 3:26).

¿Cuál es el papel de los cristianos ante los judíos? El mismo que para todos los hombres en el actual estado de cosas. Llegará un futuro en que el remanente de la nación reconocerá colectivamente a Jesús, cuando «verán al que traspasaron», y entrarán en el Reino como el pueblo de Dios que recibirá todas las promesas anunciadas, y como centro de bendición para todas las naciones que serán salvas. Pero ahora, los que creen de entre los judíos deben asumir el llamamiento y el puesto de la iglesia bajo el bautismo de Cristo, y oír la exhortación de la Epístola a los Hebreos: «Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio» (He. 13:13), para andar en el propósito de Dios para los suyos HOY, que es la Iglesia, el cuerpo de Cristo, en su vocación celestial, que no terrenal.

Los cristianos y el islam
Históricamente el islam surge de un mundo parcialmente cristianizado, con un fuerte componente pagano e influencias judías. Y la predicación de Mahoma recibe influencias de esas fuentes. Esencialmente, se trata de un movimiento herético, que es consecuencia de la apostasía de la cristiandad, que se había atribuido ser aquello que no era: el Reino de Dios. Una cristiandad que había abandonado casi en bloque la salvación por la gracia mediante la fe, y se había hundido en un sistema sacramental, y en el culto a María; había sectores de la cristiandad egipcia que contemplaban la Santa Trinidad en el cielo como compuesta por el Padre, el Hijo, ¡y María como vaso especial del Espíritu Santo!

Un principio fundamental para los seguidores de Mahoma es que Dios NO TIENE HIJO, y consideran que la creencia en el Hijo de Dios es una blasfemia. Por otra parte, participan de todo un sistema de justicia propia para alcanzar la salvación, con todo un sistema de obras que deben realizar para llegar a su cielo, tan distinto del concepto bíblico del mismo. Pero es cosa cierta que uno no puede extrañarse del rechazo que hacen los seguidores de Mahoma de esta clase de cristiandad, y su insistencia en que Dios, que es espíritu, no tiene Hijo. Ellos contemplan tla doctrina de la Trinidad y de la Encarnación desde una óptica muy distinta, como un concepto pagano de un dios uniéndose a una hija de los hombres para tener descendencia. ... Podemos afirmar que el islam surge como un fruto de la descomposición del cristianismo, que había abandonado mayoritariamente la fe en su contenido y en su esperanza, ya en los siglos quinto a séptimo d.C.

En la actualidad, el islam está resurgiendo con gran fuerza para reemprender la misión que considera divina: la conquista y subyugación del mundo. Esto conlleva la persecución, a menudo la muerte cruel, para todos aquellos que no se pliegan a su dominio. De modo particular, los cristianos son objeto de los tratos más crueles, y de estas realidades los medios de comunicación apenas se hacen eco. Por otra parte, las persecuciones contra los cristianos no surgen sólo del islam, sino también de aquellos regímenes que divinizan el estado, encarnado o no en alguna personalidad, como en Corea del Norte, en China, etc., que demandan una lealtad total que un cristiano sólo puede dar a Dios.

Pedro nos dice en su primera carta, capítulo 4, vv. 12 a 18:

12Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, 13  sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. 14  Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. 15  Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; 16  pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. 17  Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? 18  Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador? 19  De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien. 

La vida y el testimonio de los cristianos en este mundo malo
¿Cuál debe ser pues nuestra actitud? Los hombres necesitan al Señor Jesús como Salvador. Hay un tiempo prefijado en el que Jesús ha de juzgar.

1. El juicio del individuo tras la muerte.

«Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9:27).

Ante este hecho, debemos llevar a todos el conocimiento de las Buenas Nuevas del perdón que Dios ofrece en Su amor por medio de Jesucristo, que se dio a Sí mismo el justo, por nosotros los injustos, para llevarnos a Dios.

2. El juicio de las naciones en la venida de Jesucristo, donde los vivos serán juzgados según el trato dispensado a los testigos de Cristo durante el tiempo anterior a Su venida:

«31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32  y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33  Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34  Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35  Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36  estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37  Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38  ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39  ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40  Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41  Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42  Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43  fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44  Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45  Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46  E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

3. El juicio final ante el Gran Trono Blanco, de todos los perdidos, que son levantados para comparecer ante Jesucristo:

«11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. 12  Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13  Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14  Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Ésta es la muerte segunda. 15  Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.»

Ante todo esto, la actitud de los cristianos, de la iglesia, en este tiempo presente, debe ir regida, desde un conocimiento informado de la realidad en que vivimos, por la siguiente amonestación de la Palabra de Dios en la 1 Epístola de Pablo a Timoteo, capítulo 2, vv. 1-8:

1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; 2  por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. 3  Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4  el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 5  Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6  el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo. 7  Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad. 8  Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.

El Señor tiene en Sus manos fieles el cumplimiento de Sus promesas a Israel para bendición final en medio de las naciones que caminarán a la luz del Señor. La misión presente de la iglesia es anunciar a todos los hombres el amor de Dios manifestado en Cristo para salvación de todo el que cree, por cuanto no hay diferencia, «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.» (Romanos 3:23-26)

La realidad presente de las naciones en su creciente rebelión contra todo lo que tenga que ver con Dios aparece retratada, así como su conclusión final, en el Salmo 2. Pero en tanto que el Señor Jesús no venga en juicio, prevalece la gracia. Y nosotros, la iglesia, debemos ser testigos y proclamadores de esta gracia, manteniendo en todo los propósitos de Dios en Cristo Jesús y para Su gloria y la confirmación de todo lo que Él ha anunciado en Su palabra. Sigamos pues, con nuestra misión:

«16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17  De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18  Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19  que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20  Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21  Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

    1 Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. 2  Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. 3  No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; 4  antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; 5  en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; 6  en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, 7  en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; 8  por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; 9  como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; 10  como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.» (2 Corintios 5:16–6:10).

Aprovechemos bien el tiempo, porque los días son malos. (Efesios 5:16)

LECTURAS RECOMENDADAS:
LA ESPERANZA ACTUAL DE LA IGLESIA, por John N. Darby

EL ISLAM A DEBATE, por Josh McDowell

Santiago Escuain · SEDIN


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